Metralla Rosa con Carla Tofano

De la A a la Z

By Carla Tofano

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Repertorio de poses de una modelo de arte (y sus planetas)

 

Estas son algunas de las poses que forman parte del repertorio fundamental de posiciones de un modelo de arte. Y con este ejercicio me valgo de la especulación, la argumentación y la reflexión para desglosar las sensaciones, las emociones y las ideas que me habitan cada vez que vuelvo a ellas.


Poses Rapidas

(Marte en Tauro en casa XII)

No me gusta ensayar. He preferido siempre poner a prueba mi capacidad de reaccionar in situ frente al desafío que se presente sin tener tiempo de recular o de dudar. Prefiero lanzarme a por las cosas que me convocan sin tener tiempo de ponerlo todo en perspectiva y respondiendo al crudo impulso que nace de la inspiración, la obligación y la necesidad, cuando a las tres les da por operar juntas. Como modelo de arte al igual que como moderadora, presentadora o entrevistadora, me gusta valerme de la bomba de adrenalina que la imperiosa necesidad de hacer lo que es necesario hacer bien, me inyecta cuando estoy entre la espada y la pared. Por un lado, me excita ponerme a prueba cuando no tengo otra opción, y por otro lado, cuando ensayo algo por lo general me doy la infeliz oportunidad de ver que no estoy lista para el resultado al que aspiro alcanzar por obra y magia de la inspiración. Observarme incipiente en mis intenciones me desinfla las aspiraciones. Me defrauda. Me roba el optimismo y la confianza. Verme hacer algo que quiero hacer muy bien antes de hacerlo muy bien, me coloca frente a la duda (lógica) y me roba le fe (loca) que me convoca cuando estoy parada frente a un reto y con torpeza y destreza, simplemente lo doy todo.

Es muy probable que cuando intente el ensayo de algo que deseo hacer delante de otros, tenga la oportunidad de confrontarme con la insuficiencia de mi expresión frente al espejo. Y verme cruda no me empuja. Intentar encontrar la excelencia deseada tras bastidores me seca la inspiración. Para evitarlo me cuento a mi misma entonces, que no me interesan los resultados que se alcanzan amaestrando con milimetricas repeticiones mis errores. Cuando en realidad lo que sucede, es que el esfuerzo en el que encuentro gozo, es el que alcanzo tras muchos intentos riesgosos en los que me lanzo y me atajo, una y otra vez. La verdad es que mas que hacerle espacio a la improvisación y a la espontaneidad, lo que empuja mi fuerza dinámica es la ciega voluntad de fluir con la incertidumbre.

Saber que hago lo que debo cuando la circunstancia lo amerita me da paz. Y justamente por ello -como modelo de arte- amo las poses rápidas. Las que duran lo suficiente para hacerte bombear a mil el corazón y ponerte cara a cara con tu limitada humanidad. Son estas poses, las que duran de uno a cinco minutos, las que permiten que asumas mayores riesgos. A fin de cuentas, si decido sostener todo mi peso sobre una pierna, como una garza, por 3 minutos, es muy probable que me anime, para luego entender que tres minutos luchando contra la ley dinámica natural de mi cuerpo es mucho dolor y mucho tiempo. De hecho, Me tomó años comprender que exigencias podían ser realmente insostenible para una anatomía física y psicológica como la mía. Al principio se me ocurría de todo y me arriesgaba a casi todo lo que se me ocurría. No escatimaba demasiado ni en las leyes de la gravedad y ni las limitaciones de la física. Sin embargo, tener memoria de algunas de mis peores ideas, me ha enseñado mas sobre como experimentar mi cuerpo sin huir de su dolor, que acerca de la prudencia que necesito conquistar para evitarlo.


Poses Intermedias

(Venus en Aries en casa XI)

Una pose de ocho, diez, doce o quince minutos es considerada de longitud intermedia. Las sesiones casi siempre comienzan con poses cortas que van de cinco a un minuto, y luego pasan del dinamismo en el gesto y en el trazo al que la observación rápida apremia, a bloques de tiempo en los que el pulso de los dibujantes y del modelo se aquietan. Sin perder, sin embargo, cierta tensión dinámica que mantiene a flote la vitalidad de la faena. Para poder plasmar sobre la hoja de papel lo que percibes en tres dimensiones, describiendo volúmenes y proporciones de un modo fidedigno o al menos inteligible, es necesario crear una danza de lineas, luces y sombras que no es fácil plasmar en 10 minutos. Sobre todo no es fácil si no estas absolutamente dispuesto a encarar el desafío como una suerte de gimnasio de la mirada.

Desde el centro del salón el carácter del sujeto en observación pide a gritos que se le haga justicia. Un cuerpo materializa su ineludible presente, mientras se ofrece en absoluto silencio y sin ninguna de las capas de materia que previamente vestía para transfigurarse. Ahora bien, imagínate por un momento estar allí. Todos los ojos en tí. Y tu allí: un nido de piel abierta al escrutinio. En ese silencio que casi sacramentalmente se impone desde el centro de un cuerpo abriendose, reside el volumen de la voz que posee a quienes le dibujan. En ese espacio que he ocupado ciento de veces y que con extrema honestidad sé habitar cuando modelo, abro un discurso que mientras dura la pulsión expresiva, el intercambio y la pose, es de una elocuencia bruja. Diez minutos son perfectos para contar esa historia, la que hay que vivir con o sin miedo, mientras transcurre apremiante el tiempo. Quien se pone manos a la obra en una sesión al vivo, frente a un modelo sosteniéndose a si mismo con dolor, no puede darse el lujo de huir de la hoja en blanco. Quien se planta frente a un modelo sabe que será carnada y que será bestia al acecho. El modelo sacrifica su identidad fachada y quien dibuja se quita los ojos con los que veía para crear formas desde la muerte de la visión que lo devora. No hay víctimas en este duelo de oponentes, solo voluntaria complicidad.

Las posiciones de duración intermedia son las que realmente permiten que las vivencias de una clase al vivo sean experimentadas en su absoluto esplendor por todas las partes involucradas. El modelo se ofrece en toda su audacia expresiva y quien lo dibuja sabe que no le sobra tiempo pero que tampoco le falta. ¿Cuántas veces puedes estar enteramente presente, sin desviar la atención de ti y sin correr cuando la incomodidad te alcanza?. Solo cuando lo decides y en una clase de dibujo tanto quien posa como quien dibuja asume tácitamente el compromiso de permanecer dentro de los confines del desafío por el tiempo que haya sido previamente establecido. Quien dibuja y quien modela entra en contacto con las múltiples dimensiones de su cuerpo físico, emocional y mental, y se descubre en el centro de un gesto creativo gracias al cual todo será estruendosamente adulterado. Y aunque nadie quiera fallar, solo fallar es posible cuando tienes el tiempo contado y tienes frente a ti el milagro de un cuerpo en misterio concebido.


Poses Largas

(Jupiter en Capricornio en Casa IX)

En términos de inicio, desarrollo y final, las poses largas son el gran finale de las sesiones de dibujo y pintura. Son las mas deseadas y esperadas por casi todas las personas convocadas a una clase al vivo, a excepción, claro está, de quien sea de la ocasión el modelo. Se consideran poses largas las que van de veinte minutos a media hora, cuarenta, cuarenta y cinco minutos, o una hora, y yo en lo personal después de los primeros 40 minutos estas poses las padezco siempre enormemente. Permanecer inmóvil por veinte, veinticinco e incluso por treinta minutos es un desafío razonable para nuestro binomio cuerpo-mente, en algunas ocasiones podría ser incluso, entre comillas placentero. Pero cada segundo después de alcanzados los primeros treinta minutos de voluntaria parálisis, son una absoluta tortura desde todo punto de vista. Ademas, lo que a mi por lo general me saca de centro es que me considero que las poses de mas de treinta minutos constituyen una congoja absolutamente innecesaria. Desde mi amplia experiencia como modelo y desde mi no tan humilde punto de vista, ni siquiera los artistas se benefician de estas poses tan dilatadas.

Después de treinta minutos, permanecer en observación despierta es tan difícil para quienes dibujan, como es para quienes modelan no irradiar su desesperación por dar fin cuanto antes a la posición en la que se encuentran. Un modelo, aun estando en excelente forma mental y física, después de los primeros veinticinco minutos paralizado en una posición, cualquiera esta sea, comienza a recibir toda clase de gritos de auxilio desde cada rincón de su cuerpo. Y por muy bueno que sea fingiendo que todo está fenomenal, necesita comenzar a hacer micro ajustes internos y externos para no irradiar rayos de aire envenenado con cada respiración. Después de los primeros treinta minutos de congelamiento forzoso todo comienza aceleradamente a sentirse como un suplicio, como una crueldad, como un atentado contra toda noción de respeto y sentido común. Realizando minúsculos ajustes que la mayoría de las veces los artistas no notan, sigues adelante contando cada segundo, y aunque a veces estos mini movimientos te alivian por poquísimo tiempo, en la mayoría de los casos con ellos infringes el frágil equilibrio que te sostenía en tensión pasiva y en suspensión estratégica.

Como modelo yo jamas escojo poses en las que no haya un alto nivel de expresión dinámica, de hecho, completar poses de 45 minutos o una hora se torna una misión fatídica para mí justamente por ello. Y las razones por la que me someto voluntariamente a este tipo de exigencia física son bastante razonables y transparentes. Primero, después de permanecer media hora estática no existe posición que sea cómoda aunque pueda parecer lo contrario por lo que si voy a sufrir prefiero que la pose valga la pena. Segundo, el lenguaje de mi cuerpo no es jamás distendido o explayado. En cualquier situación de mi día yo me habito y me sostengo en gestos que oscilan perennemente entre la entrega, la contracción y la elevación. De hecho, todas las veces que intento ir en contra de esta tendencia involuntaria, me vence la memoria inconsciente de todo mi cuerpo haciéndome dar vuelta en U para regresar a la tensión muscular que después de todo me es tan familiar. Tercero, sabiendo que todos los dibujantes, ilustradores y artistas presentes estarán intentando volcar sus mejores esfuerzos en la ultima creación de la practica, sin siquiera pensarlo me lanzo a la pose final persiguiendo toda la gracia plástica que me es posible encontrar, valiéndome claro, de mis parámetros para juzgar donde hay valor y belleza. Después de todo para eso estoy allí, frente a todos esos pinceles, pasteles, caballetes, crayones de color, pliegues de papel, óleos, acuarelas, carboncillos, lápices, acrílicos y lienzos.

Una forma estéticamente interesante lograda con dos brazos, dos piernas, un torso y una cabeza, demandará siempre un alto grado de contorción. La comodidad es de hecho un valor que no persigo, por lo que sea la pose corta, mediana o larga, mi compromiso es siempre fundamentalmente el mismo. Por eso, si bien amo las dinámicas de 72 horas de las que entras y sales cada 20 minutos durante días de la pose en cuestión, me irritan las de una hora -sin pausa- diseñadas bajo la abusiva premisa que concede a los modelos cuerpos de goma, inertes y obedientes, al servicio de los caprichos del “arte”.


Contraposto

(Plutón en Libra en casa V)

Por razones culturales, anatómicas e históricas, las mujeres distribuyen el peso de su cuerpo de forma ondulante entre cada lado de la cadera creando un vaivén muy rítmico entre sus dos mitades. Estas posiciones en las que la línea perpendicular que va de hombro a hombro tiene una inclinación contraria a la linea horizontal perpendicular que va de cadera a cadera, se llama contraposto y la mayoría de los mortales la asumimos orgánicamente a lo largo del día sin hacerlo necesariamente consiente. Es una posición gracias a la cual sin pensarlo demasiado todos creamos balance y contrapeso, produciendo dinámicas visuales fluidas, fluctuantes, cimbreantes y a todas luces curvilíneas y seductoras.

Pararse en contraposto es lo mas natural para un cuerpo mientras está en movimiento y mientras péndula de una actividad a la siguiente y existe en glorioso movimiento. Sin embargo, sostener este tipo de narrativa de la forma física cuando la intensión reside en la momificación del gesto, es muy doloroso básicamente porque es muy antinatura. Y por supuesto, como es fácil de imaginar, en los Atelier de dibujo clásicos, que existen desde siglo XVII en la tradición neo clásica del arte figurativo europeo, nada es mas apreciado que un modelo posando de pie y en contraposto. Al mismo tiempo nada es mas seriamente desgastante para el cuerpo de un modelo que permanecer largas horas en contraposto.

Las poses de Atelier tienen una duración de setenta y dos horas que son normalmente distribuidas en periodos académicos de tres meses. Y aunque siempre me ha parecido paradójicamente romántico que un dibujo sea producido con 72 horas de ardua observación y aplicando la minuciosa ejecución de una técnica prácticamente en desuso en el mundo contemporáneo, posar el día entero para una escuela de dibujo académico no es un oficio menor. Vivimos en un mundo en el que producir imágenes toma segundos y alterarlas a imagen y semejanza de nuestros caprichos también. Por lo que producir una única imagen con lápiz primero, luego carboncillo y luego óleos -cuando estas aprendiendo- es de una belleza decididamente escandalosa. En un mundo que antepone la velocidad como valor sobre la dedicación y que adjudica alta productividad y eficiencia a las cosas hechas deprisa, me ha parecido siempre muy estimulante que existan Atelieres de dibujo. Ser parte dinámica de un intercambio tan contracorriente y anacrónico es de una disidencia contracultura que no todo el mundo aprecia. Estas sesiones son sumamente demandantes para todas las partes involucradas, pero si como modelo te toca posar de pie y en contraposto, padecerás sin duda la parte mas ruda de la experiencia.

Las sesiones de arte figurativo al vivo en un Atelier son normalmente de tres horas diarias, y los estudiantes están divididos en grupos que asisten en las mañanas o en las tardes. Estas sesiones diarias se completan sumando intervalos de 20 minutos de acción que son atravesados por 5 minutos de pausa, y esta dinámica no para hasta que las tres horas de cada clase acaban. Los 20 minutos de acción son para que el modelo exista petrificado y los estudiantes avancen a paso de tortuga. Aproximadamente hacia la mitad de la clase se hace generalmente una pausa un poco mas larga -de 15 minutos- que si te apuras te permite prepararte un café, darle algunos sorbos al café instantáneo que preparaste, ir al baño y responder algún mensaje urgente personal o de trabajo. Desde el momento en el que comienzas la pose hasta el momento en que termina, te vez en la obligación de existir en las inmediaciones de un salón que dispone para ti un pedestal en el que al desnudo y bajo la luz mas exquisita, te ofreces en orgulloso sacrificio creativo.

Muchos modelos no hacen poses largas. Muchos otros aceptan solo un turno al dia. Sin embargo, yo llegué a modelar para London Atelier of Representational Arts en las mañanas, en las tardes y los sábados todo el día. Y como si no fuera suficiente, casi todos los días en las noches hacia también sesiones nocturnas en diferentes lugares de la ciudad. Vestirte y desvestirte de nuevo puede robarte hasta 10 minutos de los 45 minutos de la pausa de almuerzo por lo que en muchas ocaciones, no comer era mas parecido a un verdadero descanso que lo contrario. Las clases por otra parte son categóricamente silenciosas, y cuando se viven como modelo, después de tantas horas entrando y saliendo de tus propias cavernas, puedes sentir que lidiar con la velocidad del mundo que se abre frente a ti cuando sales de la pose, exige de ti compaginar aptitudes y disposiciones llenas de contrastes y francamente ezquizoides, a todas luces desquiziantes.
Nadie entra al espacio de la creación silenciosa para salir de allí ileso y todas las horas transitadas en contraposto, sintiéndome desfallecer del cansancio físico y enrarecida por las horas de exilio interior dan prueba de ello. Mis travesías como modelo de arte a tiempo completo fueron iniciaciones tras personales gracias a las cuales hoy me reconozco como una cazadora de aullidos, roedora de disertaciones encarnadas, dueña y prisionera del murmullo de mis viseras.


Reclinada, Acostada, Yacente

(Luna en Geminis en casa I)

Adoptar poses reptilineas es uno de mis vicios favoritos como modelo. Cuando no tengo que luchar contra la gravedad de mi peso para sostener la verticalidad de mi esqueleto, es cuando mas disfruto las poses. Cuando me extiendo sobre el piso o sobre telas y cojines en ensimismada horizontalidad, pegada con todo el cuerpo a la tierra, a ratos rendida, a ratos expectante, es cuando logro que mi mente se divierta sin lastimarme. Acostada en lo que para otros son contracciones difíciles de crear sin morir de dolores de espalda, o sin romperse la lumbar, yo me siento deliciosamente exigida y felizmente exprimida, como si mi cuerpo fuera un trapo que acaba de salir de un tobo de agua y jabón. La curva natural de mi columna vertebral es bastante acentuada por lo que para crear poses sinuosas -acostada- no tengo que pelearme con mi propia anatomía sino seguirle a la misma el juego. Reclinada en clave odalisca, explayada como si acabara de sufrir un accidente fatal o yacente como si esperara a mi amante entre las páginas de un relato erotico, es como prefiero posicionarme a la hora de ser dibujada.

En estas posiciones no tengo que pelearme con mi propio balance y estas me colocan en un espacio de aparente letargo que es todo menos litúrgico y que tiene lugar gracias a la tensión coercitiva de mi centro de poder, de mi abdomen, de mi power house. Es cuando estoy en estas posturas que logro viajar con mis ideas a lugares de otro modo inaccesibles por desconocidos y lejanos. Tirada en el piso como una serpiente puedo encontrarme con la parte de mi cuerpo que no puede ser vista por los demás y que justamente por ello siempre me obsequia escapatoria. La parte de mi cuerpo -la mente- que no puede ser observada, adivinada, malinterpretada o restringida, ni en el espacio ni el el tiempo, es la que después de todo me impide encontrarme con el aburrimiento, un demonio que aun no he tenido el gusto de conocer en esta encarnación.

Hacerme presente con todo mi peso especifico, tener mis esferas energéticas activadas y sentirme al mismo tiempo etérea y ausente, es una de mis formas favoritas de estar cuando soy. Y ha sido justamente el modelaje de arte el que me ha permitido ponerle nombre a este goce profundo de mi condición humana. Cuando puedo revolotear como una mariposa que viaja de flor en flor, de idea en idea y de nube en nube, sin la necesidad de comunicarle con palabras nada a nadie, mi cuerpo se calma, se oxigena, se relaja, y comprende que puede pensar con todos sus recovecos. Cuando soy sin hacer confirmo que tengo pensamientos y funciones cerebrales en todas las esquinas de mi vecindario biológico. Tengo funciones cerebrales en mis rodillas, en mi cuello, en mi cabello, en mi pies y en mis caderas. Especialmente en mis caderas. Y si bien es cierto que nada es mas difícil para un cuerpo que seguirle el ritmo a una mente inquieta, cuando me asiento hermosa y plácidamente en una posición que me exige sentir sin padecer, mis visiones fluyen incontinentes, sabiendo que no necesitan crear una satisfactoria sinergia entre acción física y torbellino existencial.

Ser en placentera horizontalidad venusina y pensar en saltarina verticalidad mercurial, es lo que le regala a la alquimia de mis sustancias mas intimas, tangible felicidad.


Poses Invertidas

(Mercurio en Piscis en casa X)

No recuerdo cuando fue la primera vez que decidí verlo todo al revés en una sesión de dibujo pero tengo claro que mas que andar buscando un gesto de efectismo estrafalario, ponerme boca a bajo respondía a la desesperada necesidad de volver a casa. Ver las cosas alteradas es mi especialidad y con la cabeza como soporte de las piernas, me convierto en ‘la colgada’ que de todos modos soy cuando no me entero.

Hasta 25 minutos con la sangre irrigando de a chorros mi cabeza me resultan perfectamente llevaderos. No sin cierta dosis de masoquismo, reconozco que encuentro todos esos minutos inmóvil y patas para arriba incluso placenteros. Me gusta además la idea de poder ofrecer a otros una perspectiva mas fidedigna de mí paisaje interior. Después de todo, colgada es como me veo por dentro y como generalmente me siento. Se bien, por experiencia y por fascinación con el significado de la carta de Tarot numero XII, que solo la incomodidad puede acercarme a esa visión de las cosas que no es ni la mas inmediata, ni la mas obvia, ni la mas estandarizada, pero que desde una búsqueda muy íntima y personal, es la mas lúcida, luminosa y clara. Solo con los ojos cerrados, con el corazón empotrado en el cráneo y con los pies adormecidos por la ausencia de liquido corriéndole por las venas, puedo compaginar la perspectiva de lo que existe con la de lo que resiste.

Ya se, colgada exhumo sacrificio, pero solo porque solemos asociar la dificultad física al sufrimiento. Sin embargo, el dolor no es siempre sufrimiento. Desafiar las leyes de la gravedad sometiéndote a toda clase de experimentos físicos no es necesariamente una pesadilla. La curiosidad de la perspectiva y la incomodidad de la emoción te llevan -sin excepcion- a la elocuencia de la visión. Y todo porque el espíritu vive en el corazón y el corazón en la mente y la mente en cada órgano del cuerpo y solo por eso a veces podemos pensar sin que nos duela la cabeza y sentir la punta de los dedos llenas de palabras. Dándole ojos a mis poros y músculos a mis epifanías, me vuelvo materializada encarnación de un modo de pensar que pasa por no ver mas que por mirar.


Creditos

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